Me llaman desde Gijón los hermanos Panadero y Biedma para darme esta última hora de la que, como no podía ser de otro modo, hemos de hacernos eco en este blog que parecía perder fuelle al albur de los calores estivales y sesteros. No es el de la fotografía que ilustra este post el coche de nuestro querido Escarlati, pero así debe haber quedado -en su punto justo de cocción- a causa de los desaprensivos que se lo han quemado allá en tierras asturianas. Buen mosqueo, al parecer, tenía nuestro Juan que respondía entre imprecaciones a quien le preguntaba: "¡Pues sí, me han quemado el coche, que a estas alturas ya debe saberlo todo Gijón!". Y es que el comentario incendiario (!) ha corrido de boca en boca por toda la comunidad literaria patria extendiéndose cual fuego por reguero de gasolina (!!). Mucho me temo, dicho sea de paso, que tras esta entrada va a pasar mucho tiempo hasta que a nuestro Escarlati dejen de lloverle las preguntas.
Instrucciones para sobrellevarlo: ármese usted de paciencia, relájese y disfrute.
Tres notas añadidas, por cierto, para concluir esta apresurada crónica:
1. Afortunadamente no hay que lamentar daños personales pues todo parece indicar que, al menos, el quemacoches tuvo la delicadeza de esperar a que estuviese vacío para arrimarle candela.
2. En ningún caso la Policía, Guardía Civil o afines deben ensañarse con los hermanos Biedma y Panadero a la hora de resolver este glorioso enigma criminal. Es conocido de todos su deseo muchas veces confesado de romperle las costillas a Juan Escarlata, pero nunca han dicho en público nada de quemar su medio de locomoción. Doy fe.
3. Conste que yo me sumo a la idea de partirle el cuello a mi librero de referéncia (y no lo oculto), pero la piromanía no se encuentra entre mis virtudes teologales. Ergo sólo soy el mensajero que esto escribe entre chirigota, consternación y lisonja siempre bienintencionada (¿no?).
Ánimo Juan. Que estas letrillas chuscas sirvan para arrancarte una sonrisilla en medio de tanta jodienda (que, como sabes, nunca tuvo ni tendrá enmienda).
Luego me llamas, que te voy a recomendar un buen concesionario.









