jueves, 10 de enero de 2008

Grindhouse


Como bien sabéis, queridos Galateos, nuestros mozos de hoy en día no han tenido la suerte de conocer aquellos cines cutres de barrio que ponían dos pelis en sesión continua. Una experiencia impagable que nos sirvió a muchos para aprender a amar esta cosa maravillosa que es el cine y que, hoy en día, nos están convirtiendo en mercadotécnia cutre de multisala con palomitas y a otra cosa.

Recuerdo que en mi barrio, por 50 pelas (nada menos), te podías pasar toda la tarde en la inopia, metido en tiros, karatekas imposibles, vaqueros que se peleaban sin perder el sombrero, ci-fi con maquetas de cartón y bombillitas, gore a base de restos de matadero y terror con mucho latex, gomaespuma y chatarra. Aquellos magníficos años en los que la serie-b y la serie-z eran lo que ya no son, y en los que con el presupuesto de una producción cutre del presente, aquellos visionarios eran capaces de rodar diez películas (al ritmo de un par por mes). Por supuesto, estas salas tan malas, destinadas en exclusiva a esta clase de producciones, ofrecían una proyección pésima. Aparatos viejos y gastados, copias en tercer grado, rayas, cortes, proyeccionistas chapuceros y visite nuestro bar. No era casualidad. Los costes de postproducción eran tan cortos, y hacer copias tan caro, que las escasas diez unidades que salían del laboratorio tenían que exhibirse en todos los cines de sesión continua del país a lo largo del año... Y claro, cuando perlas como "Zombi", "Aquella casa al lado del cementerio", "King Kong contra Godzilla", "La serpiente a la sombra del águila" o "Supersonic Man" llegaban a la cartelera del barrio, aquello estaba en un estado deplorable que, sin embargo, no dejaba de tener su encanto.

Además, nos daba igual porque cuando uno es jovencito siempre le interesa más la cantidad que la calidad... Como dice aquel aforismo soviético: "La cantidad tiene una cualidad propia".

Tarantino y Rodríguez -que son de nuestra quinta Galatea- se enamoraron del cine en salas iguales que éstas y viendo las mismas cosas que nosotros (me consta que muchos seguimos viéndolas). Allá, en los estates, las llamaban "grindhouse". Y, por tanto, sus dos últimas películas -que allá se exhibieron juntas en sesión continua como recuerdo a los viejos días, pero aquí nos han vendido por separado pervirtiendo el espíritu original de la idea- son un homenaje perfecto a aquel cine de los viejos creadores. De los artesanos. De los cines con olor a ambientador barato y pastillas de colores disolviéndose en el fondo de los urinarios. En "Death Proof" y "Planet Terror" han sabido recrear tan bien todas aquellas cosas que uno parece meterse en una máquina del tiempo. Y merece la pena. Dos películas tan inverosímiles, macarras y cutres que me sentí de nuevo con quince años.

Memoria histórica.

3 comentarios:

Biedma dijo...

Hermano, coincido contigo en la evocación de aquellos años, en la nostalgia -que nos maquilla la vida pasada para hacerla menos insoportable- y en la admiración por tanto pionero outsiders que con cuatro duros y una navaja del productor en la garganta logró hacernos soñar a tantos.
Y en el agradecimiento a Rodríguez y a Tarantino, por la complicidad y el guiño.
Pero mientras que "Planet Terror" me parece todo un logro formal, una de las cintas con más mala leche, menos concesiones y más divertidas que vi el año pasado, Tarantino, con su "Death Proof", se quedó en el homenaje sin más, pergeñando una peli que apenas lo es, una experiencia infumable.

Por lo demás, nos tenemos que reunir alguna vez los galateos para ver una de estas, pero comentándola en voz alta, para morirnos de risa.

Paco dijo...

Es cierto que "Planet Terror" es una peli mucho más lograda, sincera y genuina que "Death Proof". No hay quien lo discuta. Pero yo creo que también tiene su explicación. La idea de esta sesión continua en homenaje a los viejos tiempos salio de Rodríguez, y además -por lo que ellos mismos contaron- ya tenía el guión muy repensado. De hecho, para él no fue más que la reformulación de otro proyecto en el que andaba trabajando. Y Tarantino se subió al carro, su peli es más apresurada, menos planificada, y se nota.

Y creo que Tarantino tiene una idea del cine mucho más formal que Rodríguez, con lo que su homenaje se queda en mero "revival". No hay más que comparar la filmografía -e incluso la metodología- de ambos.

Por lo demás, como idea es una gran idea, y pienso que, como bien dices, como guiño nostálgico ambas pelis cumplen de largo.

Lo de las risas, obviamente, también.

Panadero dijo...

Amigos,
estoy de acuerdo con vosotros: Death Proof deja que desear. Le suele suceder a Tarantino, que quiere aproximarse al cine de otras épocas, y para ello imita más los defectos que las virtudes, sin parar de autocitarse...
Una de las películas de esta modalidad que más admiro es El Más Allá (1980), de Lucio Fulci.
Las numerosas torpezas del cineasta acaban por crear una película ilegible y extraña, visionaria a su manera...

¡Abrazotes!